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El Pabellón
Zaragoza y la Expo

 

Por su localización geográfica, la Provincia de Zaragoza es una encrucijada natural de caminos entre la Europa Continental y la Península Ibérica, entre el Mediterráneo, la Meseta Castellana y las orillas del Cantábrico, convirtiéndose en punto de encuentro de culturas y civilizaciones.

 

Con una superficie de 17.194 km2, la mayor parte de sus habitantes, cercanos al millón, se concentra en la capital, destacado núcleo industrial y comercial. Junto a ella, se localizan poblaciones de considerable tamaño y patrimonio histórico, como Calatayud, Tarazona, Ejea de los Caballeros o Caspe.

 

Zaragoza reúne gran diversidad paisajística. El río Ebro es arteria vital en un territorio caracterizado por fuertes contrastes,  donde coexisten bosques prepirenaicos, extensiones casi desérticas y vegas fluviales. El Parque Natural de la Dehesa del Moncayo, la Reserva Mundial de la Biosfera de las Bardenas, la Laguna de Gallocanta (zona de refugio y nidificación de aves) y los terrenos esteparios de la Lomaza de Belchite y los Monegros, son modelos únicos de clima y paisaje de Europa. A ellos se une el Prepirineo y el Piedemonte Ibérico, donde el llano y la montaña confluyen formando  parajes espectaculares en los que el río da lugar a galachos, hoces, cañones, lagos naturales o  embalses aptos para la pesca y los deportes náuticos. En un marco natural de gran  belleza surgen  los balnearios, construcciones decimonónicas que presentan  modernas instalaciones de aguas termales como las de Alhama de Aragón, Paracuellos de Jiloca y Jaraba en la Comarca de Calatayud.

 

La convivencia de culturas  a lo largo de la historia, ha dejado en la Provincia numerosos ejemplos de diferentes estilos artísticos. Durante la Edad Media se propaga el arte románico, que deja ejemplos en la ciudad de Daroca y las Altas Cinco Villas con los enclaves de Sos del Rey Católico y Uncastillo. También el estilo cisterciense tiene su máxima expresión en los Monasterios de Veruela, en las faldas del Moncayo, el Monasterio de Piedra cerca de Calatayud y el Monasterio de Rueda en el curso Medio del Ebro.  Tras la conquista cristiana, muchos musulmanes mantuvieron sus hogares en el Reino de Aragón, conservando su religión y  costumbres. Aquellos que se dedicaban a oficios relacionados con la construcción pusieron sus conocimientos al servicio del nuevo orden dando lugar al arte mudéjar  aragonés (hoy Patrimonio de la Humanidad) que ha dejado huella en  poblaciones situadas a orillas del Ebro y sus afluentes. Son características de este estilo  las torres con estructura de alminar como las de Ateca y Calatayud, las iglesias fortaleza  y un rico lenguaje decorativo  propio que combina ladrillo, yeso, madera y cerámica. 

 

La presencia hebraica se hizo sentir en  diferentes áreas del territorio zaragozano. Su impronta es visible en localidades de las Cinco Villas que  conservan barrios judíos, sinagogas y cementerios así como vestigios importantes en Daroca o los que enriquecen el área del Moncayo que cuenta con un Centro de Interpretación de la Cultura Judía, en Tarazona.

 

El pintor aragonés  Francisco de Goya nació en Fuendetodos. Zaragoza, Muel, Remolinos o Calatayud, son lugares de obligada visita para seguir los pasos de sus primeras obras en la Provincia.

 

Disfrutamos de una herencia gastronómica de valor impagable, con recetas y costumbres, que hacen de la diversidad un elemento de distinción de la oferta zaragozana, con productos e ingredientes de primera calidad: frutas y verduras de la huerta, cordero y caza, acreditados aceites, sabrosos quesos y embutidos, excelentes vinos y repostería.

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